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Nombres Mitológicos en el Sistema Solar
Esta página web ha querido de una manera simple, ampliar el espectro de conocimientos básicos de astronomía, y, como una ayuda a las personas que gustan de la vida al aire libre y que cada noche se dedican a observar las estrellas y conocer las constelaciones queremos entregarle información sobre el por qué de los nombres mitológicos puestos a los planetas, lunas, asteroides, etc. Este tema fue publicado en febrero de 2005 por la Redactora Jefe de la Revista Espacio, Marina Such y que hoy se reproduce aquí como una manera de interesar a todas las personas que disfrutan de este tema. Además pueden apoyarse en otras fichas como: Las Constelaciones, Mapas Estelares y Cómo orientarse en el cielo.

El rapto de Europa
Los astrónomos griegos y romanos fueron los que bautizaron a los planetas con los nombres con los que hoy los conocemos, y lo hicieron sirviéndose de los dioses y personajes mitológicos presentes en sus vidas cotidianas. Así, resulta lógico que Mercurio lleve el nombre del veloz mensajero de los dioses, Venus, la deidad romana del amor, sea el planeta más brillante y que el coloso del Sistema Solar fuera bautizado como Júpiter, el rey del panteón de la antigua Roma.
De esta manera, cuando empezaron a descubrirse satélites orbitando alrededor deme soso planetas, en el siglo XVII, se continuó la tradición y todos recibieron nombres de personajes mitológicos relacionados con el “dios” en torno a la cual se movían. Dicha tradición se ha respetado incluso en la denominación de sus accidentes geográficos, ya que los numerosos volcanes, valles y montañas de Venus tienen denominaciones femeninas, como el cráter Agripina o la planicie Guinevere.

Zeus y Hera
Las Amantes De Zeus

Precisamente Venus es, junto con Mercurio, los dos únicos planetas del Sistema Solar que carecen de satélites, lo que contrasta vivamente con el elevado número de objetos que orbitan alrededor de Júpiter, o Zeus, como lo llamaban los griegos. Y sus nombres se refieren en su mayoría, a la amplia nomina de amantes e hijas del dios supremo. Los cuatro satélites descubiertos por Galileo, por ejemplo, recuerdan a la joven Io, a la que Júpiter transformo en ternera para esconderla de Hera, su esposa; Europa, princesa fenicia raptada por el dios convertido en toro, y madre de Minos, rey de Creta; Ganimedes un apuesto joven que era el copero de Zeus, y la ninfa Calisto, a la que Hera, celosa, convirtió en osa y Júpiter la coloco en el firmamento como al constelación de la Osa Mayor.
Entre el resto de satélites jovianos hay hallazgos curiosos, caso de Amaltea, nodriza de Júpiter durante el tiempo que paso escondido fuera del alcance de Saturno, su padre, que lo buscaba para matarlo; Adrastea, hija de Ananke (otra luna del gigante rojo); Lisitea, que era hija de Océano y una de las amantes de Zeus, o Pasifae, esposa de Minos y madre de Ariadna, la princesa cuyo hijo ayudo a Teseo a escapar del laberinto del minotauro.

Saturno El Terrible

Saturno devorando
a su hijo
El otro coloso del Sistema Solar es Saturno, el Cronos griego, dios romano y de la agricultura. Hijo de Urano y Gaía (el cielo y la tierra), era un titán que se enfrento a su padre, al que castró, y después devoro a sus hijos para que ninguno de ellos pudiera derrocarlo.
Sin embargo Rea, su mujer, escondió a Zeus, para poder salvarlo. Su descendencia fue tan numerosa como el número de lunas que circundan sus satélites.
Titán, la mayor y más famosa, recuerda precisamente a los titanes, seres gigantescos anteriores a los dioses olímpicos y a los que Zeus venció.
Hay varios de ellos representados en el sistema saturniano, como Febe, Hiperión, Japeto y Tetis. Las lunas no se libran de los lazos familiares, y así tenemos a los hijos de Japeto, Atlas (condenado por Zeus a soportar la bóveda celeste sobre sus hombros). Epimeteo, casado con Pandora, y Prometeo, que entrego el fuego a los hombres. Dione y Telesto eran hijo de Tetis y, en algunas versiones, Helena era hermana de Febe.
Tal vez los satélites más interesantes de Saturno sean los denominados “pastores”, que orbitan entre los anillos. Uno de ellos, Pan, es precisamente el dios de los rebaños, y Jano, que era la deidad de los cambios, acogió a Saturno en la región italiana del Lacio cuando fue expulsado del cielo.

Los guardaespaldas de Marte

Caronte, el barquero de los muertos
La historia que rodea a los satélites de Marte, o Ares, es mucho más sangrienta, como corresponde al señor de la guerra. En algunas versiones se afirma que Fobos y Deimos eran fruto del incesto entre el dios y su hermana Afrodita. En otra, los padres de ambos eran Hera, esposa de Zeus, y Nyx (la noche). Lo que sí está claro es que acompañaban a Marte a todas partes, formando un cruel grupo junto con Eris o Eride, hermana gemela de Ares y diosa de la Discordia, y su hija Enio. La cohorte del dios representa a todas las desgracias que traen aparejadas las guerras, pues tras el llegaban siempre la Hambruna y el Olvido. Y, por supuesto, los nombres de sus hijos no son gratuitos, ya que, en griego, Fobos significa miedo y Deimos, terror. Estas connotaciones siniestras se trasladan a Plutón y su luna Caronte, si bien son siniestras únicamente por la asociación que el cristianismo hizo entre el reino de ultratumba que gobernaba Plutón (Hades para los griegos) y el Infierno.
La denominación del planeta, descubierto en 1930, se debe a que es el más alejado del Sistema Solar y, por tanto, la mayor parte del tiempo se encuentra sumido en una completa oscuridad. El nombre de su satélite hace referencia al barquero que llevaba a los difuntos a la otra orilla de la laguna Estigia, donde empezaba el territorio de Hades.

En el Reino Marino

Poseidón
Siguiendo con la mitología, las lunas de Neptuno (o Poseidón) llevan nombres de criaturas que habitaban las profundidades marinas de las que él era señor. Por supuesto, no faltan sus hijos, Tritón y Despina, y Proteo, pastor de sus manadas de focas. Talasa, por su parte, era la personificación del mar (Mediterráneo, para los griegos) Y era hija de Éter, el aire puro que respiraban los dioses, y Hemera, el día. A su vez, era madre de Afrodita y, en algunas historias, se la consideraba la madre de todas las cosas, lo que es bastante comprensible en un pueblo que dependía del mar.
Nereida se refiere a las 50 hijas de Nereo y Doris, ninfas marinas que formaban parte de la comitiva de Poseidón y ayudaban a los marineros atrapados en peligrosas tormentas.
Galatea, era, precisamente, una de ellas, de la que se enamoro perdidamente el ciclope Polifemo.
También Náyade es el nombre de otro grupo de ninfas, en este caso fluviales. Larisa, que en la actualidad es la denominación de una prefectura griega, era hija de Pelasgo, de quien Heródoto afirmaba era el ancestro de los primeros pobladores de Grecia.

El Cielo De Shakespeare

Romeo y Julieta
Toda esta red de leyendas y criaturas mitológicas interconectadas se rompe al llegar a Urano, el planeta que lleva el nombre del rey de los cielos, el padre de Saturno y abuelo de Júpiter. Y es que sus satélites se refieren a otra mitología, más cercana en el tiempo, ya que son personajes de las obras de William Shakespeare. El responsable de esta circunstancia es William Herschel, descubridor del planeta en 1781 que, seis años más tarde, encontró dos satélites a los que llamo Titania y Oberón en honor a los reyes de las hadas de “Sueño de una noche de verano”, obra que tiene otro representante alrededor de Urano, la luna Puck.
De los 18 satélites restantes, los personajes femeninos son abrumadora mayoría, y encontramos heroínas famosas como Julieta (“Romeo y Julieta”), Ofelia (“Hamlet”) y Desdemona (“Otello”) y otras menos conocidas del poeta inglés, caso de Crésida (“Troilo y Crésida”), Cordelia (“El rey Lear”), Bianca (“La fierecilla domada”), Porcia (“El mercader de Venecia”) y Rosalinda (“Cómo gustéis”). Pero la obra de la que más se han acordado los astrónomos es de la ultima de Shakespeare, “La tempestad”, cuyos personajes, Calibán, Próspero, Sycorax, Setebos, Stephano, Trínculo, Miranda y Ariel dan nombre a algunas de las últimas lunas descubiertas en el planeta. Solo Umbriel y Belinda se desmarcan de esta peculiar nomenclatura, ya que proceden del poema de Alexander Pope “El rizo robado”.

Vea:
Constelaciones
Uso del mapa estelar
Como orientarse en el cielo
Ficha descarga: Escoger y utilizar un telescopio
Ficha completa descarga: Mitológia Universo

www.grupov.es  

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